
Una de mis mayores pasiones es trabajar con los jóvenes de mi comunidad (tanto cristiana como social). Observando la situación de los jóvenes, viene a mi mente un artículo que leí hace tiempo y dice así:
“La siguiente inscripción figuraba en una tabla de arcilla cocida sacada de las excavaciones del palacio de Nabucodonosor en Babilonia y está fechada por los arqueólogos en el año 1.000 a.C., o sea, hace tres mil años, y sin embargo, ¡no pocos la suscribirían en nuestros días! Ya en aquella remota fecha la juventud parecía estar en crisis, pues la tablilla interpretada del idioma caldeo dice la siguiente: <>” Me preocupa pensar en el presente de la juventud: Su escala de valores tan minada por el consumismo barato, la superficialidad de sus sueños, el desgano al enfrentar sus sueños y anhelos, la “madurez en estado ” de muchos jóvenes, los atajos existenciales que los jóvenes toman para alcanzar el sentido a la vida y la indiferencia que las entidades, instituciones, organizaciones y la sociedad en general muestran ante ésta realidad.
Soy joven y admiro con orgullo la “rebeldía” de la juventud de hoy día. Incide como un fundamento necesario en el desarrollo de la humanidad. Respaldo la postura del no conformismo, pues es la fibra principal de los héroes de nuestra historia. Me complace la espontánea y "Libre Expresión", es parte de la libertad, uno de los derechos inalienables de los seres humanos. Pero, ¿serán estos principios suficientes? Existe en los jóvenes una rebeldía sin causa deplorable.

Con gran asombro podemos darnos cuenta de que la inmensa mayoría de la juventud no sabe lo que quiere y los que persiguen algo en su vida, lo hacen por presión hogareña o grupal. Son muy pocos los jóvenes que tienen principios establecidos en su vida. La actualidad ofrece al joven distracciones y/o estimulantes que arrastran la mirada de lo real y lo significativo hacia lo superficial y vano.
Donde los jóvenes entendiéramos que todo en la vida tiene una causa y un efecto y lo hiciéramos una realidad en nuestra vida, estoy seguro, muchos no harían lo que hacen y otros dejarían de hacer lo que están haciendo. Basta recordar que “el movimiento de las alas de la mariposa pueden ocasionar un tifón al otro lado del mundo”, es decir, mis actos luego los recogeré en un futuro. Una frase conocida del sabio Salomón es: “tira tu pan sobre las aguas, y después de muchos días lo hallarás” Algo más me preocupa:
Las causas.
Una de las principales causas que han y están llevando a la juventud a la situación en la que se encuentra es la “liberación sexual” actualmente registrada por cada uno de nosotros, heredada de hogares disfuncionales, de modelos paternales fracasados y errados, continuada por una llamada “educación sexual” que en vez de educar despierta la curiosidad, el morbo y el “hedonismo por el hedonismo”, alimentada por grupos juveniles y por último vendida por los omnipresentes medios de comunicación que aprovechan el desorden y ante tal caos “pescan como en río revuelto”, es causante de mucho mal. Y luego aparentamos preocupación ante las cifras estadísticas de embarazos en adolescentes, de abortos, de la precocidad sexual, de presencia de enfermedades y se piensa que la solución es: repartir dispensadores de condones!. ¡Que ironía que la solución es el origen real de el conflicto y a la vez su catalizador más grande! El reto de la juventud, no es nada envidiable.
En ellos descansan las esperanzas de nosotros, de nuestros padres y madres, de esta aldea Global también conocida como el Planeta Tierra. Pero mas aún, sin lugar a duda dependemos de los jóvenes para lograr un mundo mejor, lleno de paz, armonía, amor y tolerancia. Un mundo donde los valores verdaderos, a veces intangibles, sean los que decidan el destino de nuestra existencia, desarrollo y supervivencia. Nos pertenece a nosotros, la juventud, la labor de romper las barreras fronterizas, pues la realidad irrefutable es que somos ciudadanos del planeta tierra, y nada más.
Con debilidad ésta nueva generación no va a lograr las metas ni podrá enfrentar los retos a lo largo del arduo camino. Solamente con coraje y entereza, con fracasos y victorias es que pueden llegar a la realización de sus ideales que tanto necesita la sociedad. Los adultos tienen la responsabilidad de estimular y apoyar a los jóvenes. Deben enseñarles transmitiéndole un conjunto de valores con los cuales ellos puedan desarrollarse y ser dignos ciudadanos incidiendo efectivamente de manera positiva en los cambios sociales y los gobiernos.
Nunca quisiera tener hijos que disfruten de las amenidades superfluas. No señor, quiero que sean el producto de las durezas y que de ellas aprendan a respetar mostrando compasión a los necesitados. Que tengan la capacidad de la auto evaluación objetiva antes de juzgar a sus hermanos. Que sean humildes en las victorias y logros pero inflexibles en las derrotas, convirtiéndose así en líderes con moral y ética. Quiero que piensen primero en sus deberes y después en los placeres. Que aprendan que en la simpleza se encuentra la verdadera sabiduría. Ya creo que es hora que nos hagamos concientes que el futuro esta en manos de la juventud. Es tiempo que entendamos de una vez y por todas que sin una educación en valores nuestros jóvenes jamás lograran una mejora en la sociedad en la cual se desempeñan.

El reto de la juventud debe ser compartido por todos nosotros. De ellos es el futuro pero es nuestro deber en el presente el brindarles todo el apoyo y la educación posible para que ese futuro, no tan lejano, sea mucho mejor. El Futuro Muchas veces intentamos predecir el futuro pensando en la continuidad del pasado, en ciclos, en “meta sucesos” y en cantidad de percepciones, pero no se necesita mucho coeficiente intelectual para entender que la juventud va mal enfocada y que se necesita hacer algo urgente, efectivo y contundente para salvar la juventud del futuro incierto y de las tinieblas a las que se dirigen.
Considero la presencia de la espiritualidad como salida real al conflicto juvenil, el encontrar propósito y significado de vida solo en Dios. Sino no hacemos algo por los jóvenes, ellos serán incapaces de conservar nuestra civilización.
Juan David Ramirez G. Líder del ministerio Generación de Avivamiento Tunja (Boyacá)








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